Una vez estar muerto sin estarlo, sentir el arrugarse de los gusanos en mi piel, empezando por mis ojos terrosos, clavados en un cuerpo perdido debajo de un montón de piedras, con la espesura de la sangre que ruidosas moscas rondan como rondan los animales todo lo muerto: con asco y resignación.
Que bueno sería tallarse en las peligrosas lijas del cuarto, que bueno sentir mi espalda pelada con coraje de estar aquí dentro, los huesos y el amarillo líquido de las articulaciones salir por mis codos , asomarse al ardor del calor asfixiante, de sudor impregnando en tantas horas de espera.
El dulce chorrear de la sangre y mi alma por aquí, el observar derramarse por la coladera esa dulce y mágica sustancia que permite que aún siga vivo. Que triste depender de brazos que mienten al presionar espaldas, de manos que saludan con una detrás, de compasión y envidia, de amor propio y un extraño sentido de la gravedad de sus cuerpos, que triste sentirse atrapado, violado, en este inerte cuerpo, que en su reducida visión del mundo, en su triste agonía, aún alcanza a contemplar una rosa. Símbolo de la eterna belleza…¿a dónde volarías tierna y delicada flor, si la tierra no te retuviese celosa? ... ¿a dónde llegaría el albatros en las profundidades del mar, a dónde volarías pez?...quizá fuera de la órbita para ya no querer moverte mas, para ser una estrella en el negro infinito del cielo, para dejarte dibujar en un papel.
Cuerpo, una mentira, dulce cárcel de los sentidos, ojala no me engañara al llevarte donde mis ideas me sugieren, ojala y arriesgue tu fuerza y te empuje del barranco, para liberar por fin , y sin el miedo en mi espalda, mi agitada y temblorosa alma.




